Mi calificación:
Recuerdo que cuando chico quería ser astronauta, futbolista y profesor de historia. Sin entrar en detalles sobre el modo ignominioso cómo fueron abortadas las dos primeras metas, respecto a la tercera puedo señalar que me queda el consuelo de poder leer libros como el que hoy les reseño, donde no se habla de héroes ni de grandes batallas, sino de lo cotidiano, de esos gestos repetidos una y otra vez que, sin darnos cuenta, sostienen el mundo y mantienen su mierda en el tiempo.



